Apareció antes de ser planeada.
Primero apareció la música entre cuerpos presentes.
Diego llegó a Tucumán como parte de El Salto del Artista. Viajaron a Jujuy, tocaron en vivo, improvisaron y de esa experiencia quedó una grabación: un disco nacido de estar ahí.
La relación creativa siguió después del viaje.
Algo quedó flotando como reminiscencia. La conexión siguió después del show: se volvió una forma de escucha entre dos artistas que estaban peleando por algo parecido.
Una noche incompleta dejó una señal.
Alex improvisó en vivo y se fue con la sensación de haber quedado lejos de lo que buscaba. Al día siguiente, un amigo subió una historia con un fragmento. Ahí apareció la frase: please me.
La materia se volvió canción.
Alex buscó la grabación completa, encontró ese loop y lo desarrolló en el estudio. El azul y el rojo empezaron a mezclarse: la esperanza y la crítica, el cielo y la sangre, el deseo y el juicio.
Diego respondió desde la distancia.
Cuando la maqueta tuvo forma, Alex se la envió a Diego. Llegaron guitarras, voces y una segunda presencia: el crítico interno tomando cuerpo. La canción dejó de ser un monólogo y se volvió combate.